21:00h

Empezaba a anochecer. Se escuchaban mujeres quejarse de dolor en otras habitaciones. La mampara estaba abierta, y el agua salpicaba por todo el suelo del baño. Entre contracciones Sara se enjabonaba en la ducha de la habitación que nos habían dado en el hospital. Las instrucciones fueron simples, relajarnos y esperar a que el parto esté más avanzado. Yo, al mismo tiempo que le ayudaba a ducharse, cronometraba la frecuencia y duración de cada una de las contracciones que tenía. No recuerdo cuantas veces se quedó parada y gimiendo de dolor debajo del grifo. Yo hacía lo único que se me ocurría hacer, masajear lumbares. A día de hoy, Sara me ha contado que a ella no le dolían las lumbares, sino las ingles, y que todos esos masajes que le hacía no le aliviaban nada. Fuere cómo fuere, al terminar la ducha decidimos que había que llamar a la enfermera.

    - ¿Va todo bien?
    - He estado cronometrando las contracciones. En 21 minutos ha tenido 10, al principio le duraban 30 segundos aproximadamente, pero las últimas dos han sido de un minuto. - Contesté a la enfermera mientras le mostraba el registro en el cronometro de mi móvil.

La enfermera miraba en silencio a Sara, quien agarrada a la puerta del baño sufría otra contracción.

    - Voy a llamar al celador para que la suban a paritorio.

23:15h

Entramos a la consulta de paritorio directamente, donde la matrona exploró una vez más a Sara.

    - Has dilatado a 3cm en apenas 1 hora y media desde que te vi. Va la cosa bastante rápida. Os vamos a dar una habitación aquí en paritorio y nos preparamos para el parto.

Mientras a ella se la llevaron a la habitación de paritorio, a mí me vestían con una bata verde quirúrgico y un gorro desechable del mismo color. Me fijé que nadie más llevaba allí un gorro, el único era yo. Supongo que ponerles el gorrito a los maridos era una manera de mantenerlos localizados, o quizás una broma entre ellos.

Al entrar en la sala de parto, vi a Sara dar vueltas por la habitación para aliviar las molestias. En cada contracción apoyaba la frente en el sillón y esperaba a que pasara el dolor. Yo le masajeaba las lumbares. Llegó la matrona de nuevo con el mismo médico que nos dio por la tarde el alta, el mismo que nos respondía a las preguntas con más preguntas.

    - ¿Habéis decidido que el niño sea Malagueño?

Preguntaron a Sara cuándo quería que le pusieran la epidural. Yo obviamente no tenía ni voz ni voto en ese asunto, pero viendo por lo que estaba pasando, esperaba que ella dijera que se la pusieran ya. Y así fue, la pidió de inmediato.

Entró el anestesista. Sara se sentó en el filo de la cama y me pidieron que sujetara fuerte su cuerpo hacia delante. El anestesista sacó la aguja más grande que había visto jamás. Si el pinchazo hubiese sido para mí, me hubieran tenido que sujetar entre todos los sanitarios allí presentes para no salir corriendo.

00:00h

Sara se encontraba mucho mejor, tumbada en la cama de parto, hablando por teléfono con su familia y amigas. Le estaban monitoreando la presión, las contracciones y el pulso del bebe.  Yo seguía esa monitorización en las pantallas y veía como las contracciones dejaron de ser tan regulares, y que ella no mostraba dolor cuando las tenía. Los enfermeros habían apagado algunas luces de la habitación, dejándola un poco iluminada para intentar que durmiéramos. Ellos entrarían de vez en cuando para explorarla y ver cómo sigue el parto. Aprovechando que Sara estaba bien, salí a la puerta del hospital para tomar el aire y encontrarme con Edu y Juanje, que me tenían preparado un sándwich.

Como en paritorio no podía entrar comida, me dirigí directamente a la habitación que nos dieron en planta para cenar mi sándwich tranquilo. El largo pasillo de maternidad estaba iluminado solo con las tenues luces de emergencia. Dormían los que podían. Según avanzaba, se iba escuchando mujeres sufriendo dolores detrás de algunas de las puertas. Dudé de si me había equivocado de pasillo, y habría entrado en el de salud mental. Más adelante apareció de entre la oscuridad una mujer en bata. Tenía el pelo rubio y desaliñado, cayéndole por la cara, ocultándole la mitad del rostro. Parecía tener una edad próxima a los 16. Deambulaba lentamente arrastrando los pies por el pasillo, con las manos en su vientre. Era bastante delgada, pero con el barrigón. Inhalaba por la nariz y exhalaba entrecortadamente por la boca. Del susto no dije ni 'hola', tampoco creo que ella estuviese en condiciones de ser cordial. Al pasarla de largo, temía girarme para volver a verla, no fuese a ser que ella estuviera mirándome también. Me apresuré en meterme en mi habitación, y rápidamente cerré la puerta.

    - ... sus muertos!

Mantenía el contacto con Sara por el móvil. Estando todo en orden, eché hacia atrás el sillón de la habitación, sacando los reposa pies para ponerlos en alto. Encendí la tele y ¡Suerte la mía! Pude comer mi sándwich viendo "Dos Tontos Muy Tontos".

01:00h

Volví a paritorio, me puse de nuevo mi bata y gorrito, y entré a la sala donde se encontraba ella. Le llevé un Aquarius cómo disculpa por mi ausencia. Aún estaba de chachara por el móvil. Al rato, entró la matrona de nuevo para explorarla.

    - Sigues de 3cm de dilatación, parece que se está endureciendo el tejido. Voy a romper la bolsa para ver si avanzamos.

La matrona cogió un utensilio parecido a unas tenazas pequeñas, la enfermera cogió un orinal y rompieron la placenta. El agua de la bolsa salió de color oscuro, lo que me puso un nudo en el estómago. No dije nada, tampoco sabía si eso era una señal para preocuparse o no. 

    - Vuelvo en 1 hora y veo como está avanzando. Intentad descansar.

Apagó las luces y nosotros intentamos dormir un poco. Yo tenía a mi disposición un sillón poco ergonómico donde poder contracturarme. Supongo que estaba allí para que los maridos con su gorrito no se durmieran y pudieran estar atentos a las constantes en los monitores.

02:00h

Volvió a entrar la matrona a explorar. Yo había conseguido dormir 15 minutos. Sara probablemente algo más.

    - El parto no avanza. Vamos a ponerte oxitocina para estimular la dilatación.

Le inyectaron la oxitocina, que es una hormona que ayuda a inducir las contracciones uterinas. Nos vuelven a dejar solos para descansar.

02:15h

Sara dormía. Yo desde mi sillón de tortura me encontraba acostado de la manera menos molesta posible para echar una cabezada. No obstante, mantenía un ojo abierto mirando monitores. Veía que los valores de contracción llegaban a ser más altos que nunca. También que las pulsaciones del niño variaban bastante en poco tiempo. Llegué a verlo de 175 BPM, y en pocos segundos a 85 BPM. Yo ya me incorporé y me mantuve concentrado en esas pantallas esperando a que se mantuviera lo más estable posible. Poco a poco, la pulsación del bebé iba más baja; 85, 80 y 75. Yo cogí el mando para llamar a las enfermeras a espera de ver si seguía bajando. De repente, las pulsaciones dieron un bajón a 60 BPM y la máquina empezó a pitar. Sara se despertó, las puertas se abrieron, encendieron las luces y entró la matrona con varias enfermeras.

    - Ayudadme a ponerla boca arriba. - Dijo la matrona a las enfermeras.

La matrona se quedó mirando el monitor, las constantes no subían y seguían bajando. La otra enfermera apagó en varias ocasiones la alarma de la máquina que volvía a activarse cada vez que las constantes alcanzaban cierta cifra baja.

    - Voy a estimular la cabeza del bebe a ver si reacciona.

La matrona metió la mano en Sara y empezó a acariciarle la cabeza al niño.  Entró en sala también el médico. Sara estaba de espaldas a los monitores y retorcía el cuello para intentar verlos.

    - Si no mejora nos la llevamos a quirófano. - Dijo el médico.

Aquello me pareció que ocurrió muy rápido, pero realmente tuvimos que estar así entre 5 y 10 minutos. Al final, el niño volvió a estabilizarse con un pulso normal.

    - Se ve que al niño no le ha sentado bien la oxitocina. Vamos a quitártela. - Dijo la matrona

Quitaron del gotero la oxitocina. Cuando todo estuvo calmado y controlado nos volvieron a dejar solos para intentar dormir de nuevo.

03:30h

No es que pudiéramos dormir muy bien, sobre todo yo, que después del susto no podía dejar de mirar los monitores en todo momento. Las contracciones disminuyeron, y volvieron a ser irregulares y bajas. Sara decía notarlas, pero no parecía que fueran dolorosas.

De repente, empezó a pitar la máquina de la presión arterial de Sara que tenía justo al lado de mi sillón. A diferencia del monitor de constantes del bebe, por esta alarma las enfermeras no aparecieron. Sara estaba dormida y yo no sabía si los valores eran buenos o no.

    - Apaga la alarma... - Dijo Sara que finalmente despertó.
    - ¿Pero están bien los valores?
    - Si, eso es que tiene la alarma puesta a unos parámetros demasiado normales. Dale a la campanita amarilla de la pantalla.

Confié en Sara, que para algo es enfermera, le di a la campanita y se hizo la calma. Dormimos, pero a los 10 minutos volvió a sonar. Ante la nueva aprobación de Sara, volví a apagarlo. Así estuvimos por lo menos 4 o 5 veces, despertándonos por la puta alarma que se restablecía cada 10 minutos. Finalmente, llame a una enfermera para que configurara bien ese monitor, ya que nos estaba dejando dormir poco.

06:00h

Sara habría dormido 2 horas del tirón aproximadamente. Yo, un poco menos. Se encendieron las luces y entró la matrona para comprobar cómo estaba yendo la dilatación.

    - Sigues de 3cm... Y ha endurecido bastante el tejido.

Nos quedamos callados, sin saber cómo reaccionar, tanto por acabar de despertar como por no saber bien qué decir.

    - Podríamos probar de nuevo la oxitocina... Aunque, puede que sea mejor meterte en el quirófano y sacarlo por cesárea. Voy a consultarlo con el médico.

La matrona abandonó la sala y nos quedamos solos Sara y yo.

    - Si tienen que hacerme cesárea, que me lo hagan. Yo no voy a rayarme ni nada. - Me comentó Sara mirándome, como buscando una reafirmación por mi parte.
    - Sí, por supuesto. Lo que los médicos vean que es lo mejor. - Le dije sin dudarlo, ya que creía que una cesárea evitaría prolongar más el sufrimiento de ella y del bebe.

Entró la matrona, las enfermeras y el médico en la sala. El médico nos explicó por qué la mejor opción era entrar en el quirófano y hacer la cesárea. Nosotros ya estábamos convencidos, pero se agradecía la opinión de alguien que tiene experiencia.

06:40h

    - Vamos a preparar el quirófano. Tú allí no podrás entrar, tendrás que ir fuera a la sala de espera, y cuando nazca te llamamos para que vengas a verlo. - Me dijo una de las enfermeras mientras retiraba la monitorización de Sara.
    - ¿Cuánto va a tardar la operación?
    - Na', eso es un momento. En 15 minutos ya está terminado.

Creo recordar que Sara y yo no nos dijimos nada durante ese momento en el que estaban preparando para llevársela a quirófano. Estábamos asimilando todo lo que iba a ocurrir. Cuando empujaron la cama para llevársela, pegué mi frente a la suya, le di un beso, y le agarré la mano. Ella tampoco dijo nada. Acto seguido, la vi cómo se la llevaban de la sala. Me quedé con ganas de decirle cualquier cosa para tranquilizarla, pero sentía que si lo intentaba me iba a salir un quejido de llanto, y eso sí que no la hubiera tranquilizado. Además, soy un hombre y no debo mostrar sentimientos.

Con el nudo en la garganta, y algo desubicado por dormir tan poco, me quité la bata y el gorro, y me fui a la sala de espera. No presté atención ni siquiera a si estaban allí todavía alguno de los maridos abandonados con los que tanto tiempo compartí. Saqué el móvil, y mientras andaba por la sala de espera me puse a escribirle a mis amigos para actualizarle la situación, pero sobre todo para distraerme de pensamientos que no quería tener.

06:56h

Se abrió la puerta del paritorio y una enfermera me llamó con la mano, sin decir nada. Yo dejé a medía conversación a quien sea que le estuviese enviándole un audio por el móvil en ese momento, no lo recuerdo.

    - Mete la cabeza. ¿Lo escuchas llorar?  - Me dijo la enfermera mientras se oía un llanto desde el fondo del paritorio.
    - ¿Pero eso qué es? ¿El niño, o la madre?
    - ¡No! ¡Ese es tu hijo!
    - ¡Míralo el cabrón! ¡Qué me ha salido canta-autor! - La enfermera se rio, creo que el del llanto del niño o de la madre no lo interpretó como chiste, pero este sí.
    - ¿Y la madre está bien?
    - ¡Si! Entra, vístete y los ves.

Entré, cogí mi bata, y para habérmela puesto ya 3 veces, esta vez fue la que más me costó. De los nervios quería ponérmela rápido, pero se había quedado el nudo hecho de cuando me lo quité la última vez, y ahora no podía desatarlo. Decidí ponérmelo con el nudo, desde abajo como si de un vestido se tratase. Las cervezas y el helado del verano propiciaron que se me quedara atascado a medio poner, quedándome atrapado de una manera poco ortodoxa. Un brazo salía por arriba, por el cuello de la bata, y la otra mano tiraba de donde pudiese para intentar arreglar el problema en el que me había metido. Ante los espasmos que estaba teniendo allí metido, la enfermera, tras unos segundos de show, decidió ayudarme como si de un ataque de anaconda me estuviese socorriendo. Como gesto de agradecimiento por su ayuda, me puse el gorrito ante ella.

Finalmente, entré en la antesala de quirófano, y allí estaba Ayoze, desnudo completamente, vestido solo con un gorro blanco. Lo primero que me llamó la atención fue a la cantidad de vello negro que tenía y lo blanca que tenía la piel. El pelo que le sobresalía del gorro era negro, y creí que lo tendría rizado, pero eso fue simplemente el desbaratamiento del nacer.

    - ¡Hostias! ¡Se parece a mi padre! - Dije nada más ver lo chiquitillo que era y la cantidad de pelo que tenía en la espalda y los hombros.
    - ¡Que se parece a su padre dice! - Escucho decir desde la habitación de al lado.
    - Ven a ver a tu mujer. - Dijo el anestesista que venía del quirófano.
    - ¿Está aún abierta? - Pregunté. - Mira a ver... ¡Que como yo entre y la vea abierta en canal me tenéis que coger de ahí, del suelo!
    - Sí, yo creo que ya puedes pasar. A ver... - Se asomó al quirófano. - Bueno, espera mejor un momento a que la cosan un poco aún.

Entré cuando era ya seguro para alguien aprensivo a la sangre como yo. Allí estaba Sara tumbada con una cortina en el pecho para que no viésemos la zona de la barriga.

    - ¡Niña! ¿Lo has visto ya? - Dije después de besarle la frente.
    - ¡Sí, me lo han puesto aquí encima!
    - ¿Tú cómo te encuentras?
    - Creí que me iba a doler, pero apenas he sentido nada.

Tenía los ojos lagrimosos, pero no era de dolor. Se la llevaron para un par de horas a rehabilitación, ya que tenían que vigilar que todo estuviese bien tras la operación. Tuvo que aguantar las ganas de estar con nosotros desde ese primer momento.

Por mi lado, mi deber era vigilar a Ayoze, para que no se la llevase una monja o me lo cambiasen por otro que no era el mío. Seguí a la enfermera por todo el hospital. Lo llevó hasta nuestra habitación, metido en una especie de cuna con ruedas. Al llegar, me pidió que me quitase la camiseta y me recostase en el sillón. Menos mal que me había informado de qué era el "piel con piel", si no aquella proposición la hubiera malentendido. Finalmente, me senté y me pusieron en los brazos a mi hijo. Abrieron la persiana, cerraron la puerta de la habitación, y nos dejaron solos, contemplando aquel amanecer de verano que recordaré toda mi vida.

09:30h

Durante 2 horas estuvo durmiendo y chupándose la mano sin hacer ni un ruido. Yo no moví ni un músculo desde que me lo pusieron encima. No me atrevía. Cómo un ángel de la guarda tullido, la madre entró empujada en silla de ruedas. Se tumbo en la cama, le entregué a su hijo, y le dio por fin su primer pecho. Pudiendo descansar finalmente los tres.

Así terminó todo... O, más bien, así comenzó todo.