Abrí el cajón de calzoncillos y calcetines, que es el mismo, y lo volqué en la maleta. Metí de un único movimiento la torre de camisetas dobladas tal cuál estaban en el armario. También los dos pantalones que llevaba usando durante todo el verano. Sara comenzó a hacer su maleta, aunque a un ritmo más lento debido a que tenía más cosas que empaquetar, y que cada 10 minutos le daba una contracción. En un principio parecían ser suaves, según ella, eran sólo molestias, sin dolor. Cuando le daba una, detenía cualquier cosa que estuviera haciendo, se quedaba de pie estática, y respiraba profundamente hasta que se le pasaba. Aproximadamente le duraban unos 10 segundos. Por experiencia, sé que es mejor no ayudarle a hacer su maleta, a no ser que quisiera tener la culpa de algo que se olvidó meter. Decidí ahorrar tiempo cargando el resto de equipaje en el coche. Mientras tanto, mi hermano y Juanje se estaban preparando para ir a la playa.
- ¿Vais
pa' Graná entonces?
- Sí,
voy a cargar el coche y nos vamos. - Contesté a mi hermano.
Granada estaba aproximadamente a 1 hora y 15 minutos de viaje. Tiempo más que suficiente para llegar a casa, descargar las maletas y esperar a que las contracciones fuertes comiencen, pensé yo. Cuando volví de cargar las primeras maletas en el coche, noté que a Sara le estaba costando concentrarse en terminar la suya. Le dio una contracción estando yo allí. Esta vez pareció durarle un poco más y le hizo saltar las lágrimas. Empecé a masajearle las lumbares. No sabía bien si ayudaba a algo, pero recordé que un amigo me dijo que se lo hacía a su mujer durante su parto, y ahí fui yo a hacerlo también.
- ¿Os
vais a ir pa' Graná? - Dijo esta vez Juanje, quien por culpa de una
negligencia médica se quedó medio sordo de pequeño.
- Si,
cargo las cosas en el coche y nos vamos. - Como tiene sordera, a lo mejor
no había escuchado que mi hermano ya me había preguntado. Aunque, pensandolo ahora, creo que más que por la sordera, me hizo la misma pregunta porque no se creía que fuéramos a ir para Granada viendo cómo estaba Sara.
Volví de un segundo viaje al coche, de cargar los últimos bultos a la espera de la maleta de ella. Fue entonces cuando le dio una contracción intensa que duro aproximadamente 30 segundos. Mi hermano viendo la escena repitió:
- ¿Pero os vais a ir a Granada así?
Por un momento volví a imaginar lo anecdótico que sería esta vez parir en una cuneta en la frontera entre Málaga y Granada, pero la cara de dolor de Sara no me permitió dedicarle mucho tiempo a dicha fantasía.
- ¡Cucha!
Así no vamos a coger carretera, ¿Eh? Vamos al hospital de aquí de nuevo. -
Le dije a Sara.
- Pero
si hemos ido hace 2 horas. ¿Y si no es nada y nos mandan a casa de nuevo? ¡Qué
vergüenza!
- ¡¿Qué
pollas vergüenza?! ¡A ver si vamos a parir aquí en el salón por la
vergüenza!
- Venga,
pues vamos, sí. Y si nos mandan pa' casa otra vez pues ya está.
- Nosotros
vamos para la playa. Nos llevamos el teléfono, cualquier cosa nos vais
diciendo que estamos atentos. - Dijo Edu.
Volví a bajar al coche y volví a subir las maletas que había cargado. A cada viaje de vuelta al piso, veía a Sara con una contracción más fuerte. Las maletas ya ni me pesaban. Finalmente, bajamos juntos al garaje y arrancamos dirección al hospital.
Esta vez no abandoné a la preñada en la puerta, tuve la decencia de dejar el coche en doble fila, bajarme, y acompañarla hasta la entrada. El de seguridad, viendo el sufrimiento de Sara, me relevó. Volví al coche y lo llevé al parking. Al volver entré directamente a Triaje, yo me sentía como si aquello fuera ya mi casa. Allí encontré a Sara en silla de ruedas de nuevo, con la enfermera fumadora de tabaco negro de antes. La mujer parecía estar molesta por vernos de nuevo allí. Aunque siendo sinceros, también pareció estarlo cuando aparecimos la primera vez.
- ¿Otra vez aquí? Pero si habéis estado hace nada...
Hicimos el silencio ante tal comentario, y ella misma se excusó diciendo que no era consciente del tiempo. De repente, Sara dejó de tener contracciones. Yo ya estaba imaginándome la vergüenza que íbamos a pasar si ahora aparecemos igual que como estábamos antes. Nos iban a tachar de "los típicos padres primerizos nerviosos". Quizás arriesgarse a parir en el salón no era tan mala idea. Vino el celador a llevar a Sara a paritorio y yo acompañé la cabalgata de nuevo hasta la sala de espera. Allí pude ver a algunos de los mismos maridos de antes, aún esperando. También estaba el mismo grupo de señoras, quienes ahora comentaban sobre nosotros.
- Estos son los de antes. Han vuelto. - Escuché decir a una de ellas.
Yo miré a Sara, quién estaba tan tranquila. Le intentaba comunicar con gestos que fingiera una contracción pequeñita al menos. Que viese la gente que allí no habíamos vuelto por capricho. Finalmente, la llamaron para monitores y allí me volví a quedar con los maridos abandonados a esperar con mis cejas levantadas.
Mientras esperaba, discutía con mi hermano la idea de decirles a mis padres, o no, que Sara estaba ya de parto. Casualmente ellos habían ido esa misma mañana a pasar el fin de semana al cortijo con mis tíos. No nos pareció una buena idea comunicárselo, ya que iban a estar bebidos como para conducir por el carril de tierra ya poniéndose el sol. Sería como una versión andaluza de Mad Max.
- En
cuanto os ingresen, le llamo y se lo digo. - Dijo mi hermano
- Mejor
díselo mañana por la mañana que conociendo a la mama, es capaz de no pegar
ojo esta noche.
Los monitores marcaron contracciones fuertes y regulares. En la exploración determinaron que el cuello del útero estaba borrado, y que la dilatación era ya de 1cm. Nos ingresaban en planta. Quise teatralizar mi reacción para demostrar a todo el mundo, sobre todo a la enfermera fumadora de triaje, que allí no habíamos ido por cuentitis.
Ayoze nacería Malagueño por culpa de una siesta.

3 Comments
♥️
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ResponderEliminarMe parto de la risa 🤣🤣🤣y lo de parto viene al dedillo😘
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